domingo, 11 de enero de 2015

Semana 22: Cochecitos, cunas y otras yerbas

Quizás usted recuerde, señora, cuando conté que no sabía lo que era un moisés. Por esta razón, tal vez no sea una completa novedad que tampoco entienda de cochecitos de bebé. Así que allá fuimos, marido y yo, a las tiendas de artículos para bebés a ver que hay que comprar y como nos va a arruinar la capacidad de nuestro pequeño baúl. 

Primero tengo que hacer mención a los nombres. No era de extrañar que las cosas se llamen diferente acá en España. Igualmente me sirve de poco porque tampoco sé, estrictamente hablando, los nombres argentinos, pero al menos me suenan de lejos. No como la palabra "capazo" que designa una parte del cochecito o "carrito" que no sé cómo traducirla al argentino y además me suena a capa enorme. No se imagine a un bebé mosquetero, señora argentina. No es más que el equivalente al moisés nuestro. Creo. Tampoco me confíe mucho.

El huevito es huevito en todos lados, el cambiador también, pero la practi-cuna es aquí "cuna de viaje" y yo aprendí la segunda denominación antes que la primera. Así que ahora digo "cuna de viaje" entre mis amigas embarazadas y quedo como una tarada snob con palabras extrañas. Lo mismo me pasa con la "matrona". De hecho, recuerdo la primera vez que mi prima radicada en Madrid me dijo "matrona" y yo pensé "Decí partera, ridícula"... Y ahora digo matrona yo también. Y capazo. ¡Que horror!

Confundida con mi nuevo vocabulario (como es lógico, por otro lado, estando en el trimestre bobo del embarazo), me desplazo por la vida pre-maternidad como una disléxica oral. Lo que es peor que ser extranjera del todo y hablar directamente en otro idioma.

*

Entramos en los locales de cosas para bebés e intentamos averiguar qué cochecitos tienen y cómo se abren y se cierran. En esto, mi marido es mucho mejor porque el idioma español le fluye con más naturalidad que a mí. Lo que es yo, puedo emitir tranquilamente oraciones como "Me podría enseñar cómo se cierran los cochecitos? Digo, carritos? ...Cómo se achican?". Y después lo miro a mi marido con cara de "¡¿Ayuda?!" y la señora a la que me estaba dirigiendo contesta indefectiblemente con un vocablo nuevo, como "Ah... las sillas de paseo? Si, se pliegan con un moderno sistema..."

Y luego, por muy modernos que fueran los sistemas, nos costó al menos 4 negocios encontrar empleados que sí supieran cómo se pliegan los benditos cochecitos. Era un poco doloroso ver cómo las empleadas se descoyuntaban los dedos para intentar abrir y cerrar los carritos. Y conseguían, quizás a la vez, dos propósitos indeseados: transmitirnos la idea de que no era una operación fácil, por más sistema 1-2-3 que tuviera el cochecito, y romperse alguna uña en el proceso.

Al final dimos con la Meca de los carritos para bebés y en poco menos de una hora (y con una diestra vendedora, por supuesto) vimos abrirse y cerrarse con habilidad decenas de cochecitos. Nos enteramos de pesos, medidas de seguridad, sistemas de plegado, accesorios y hasta de la última moda en mobiliario transporta-bebés. Salimos del local con el curso completo para padres modernos pero inútiles y hasta me animaría a decirle algo, señora, creo que lo voy a lograr sin comprometer ni la integridad de mis uñas ni la salud de Bebito. Que no sería poco...