domingo, 22 de febrero de 2015

Semana 28: En el curso pre-parto

Quizás una de las experiencias más divertidas del embarazo es el curso pre-parto. O, hablando con propiedad ibérica, el curso de preparación al parto.

La absoluta ignorancia sobre procesos como la dilatación o la lactancia puede contribuir a hacerlo aún más divertido. Pero no necesariamente la propia, la de sus compañeras o, mejor aún, la de las parejas...

Aclaración aparte: he notado en los profesionales de la salud españoles que rodean al embarazo un rechazo casi patológico a decir "marido", "esposo" o equivalentes. Se oye mucho más la expresión "tu chico" o, neutralizando al máximo las relaciones intra-domésticas "tu pareja".

Yo, que estoy condenada a pensar como abogada para siempre, voy a seguir refiriéndome a mi marido como "mi marido". En parte porque suena distinguido (o no, señora?) y por otro lado, porque me da derechos sucesorios, patrimoniales y sociales sobre su persona. De ahí el pronombre "mi". Simplemente no me convence denominar "mi chico" a quien tiene la potestad de desenchufarme si estoy en coma. No querría predisponerlo mal... Y ahora que lo pienso, también voy a agregar "querido" a la fórmula. A ver si piensa usted que por ser marido no lo quiero tanto. Mi querido marido. Mío. Querido. Y legalmente responsable.

Como decía una querida amiga "¡Que hablar bien no cuesta una mi*rda y da un beneficio de la p*ta madre!"

Aclarado el tema vocabulario, paso a continuar con el relato: La primera clase del curso pre-parto nos sorprendió con una amplia concurrencia, sobre todo con una enorme cantidad de padres (o figuras biológicamente masculinas de paternidad asumida y aparentemente responsables por los fetos que se están desarrollando en el vientre de sus acompañantes).

La matrona volvió a intentarlo con las preguntas sin respuesta que, en realidad, tienen múltiples respuestas pero son todas incorrectas. Sea cual fuere la respuesta, su reacción es siempre la misma: "mmmno..." con la cabeza ladeada y todo. Yo ya había aprendido este truquito de la hábil señora así que ni intenté responder nada. Pero me tomó 3 clases convencer a mi querido marido de que no había respuesta correcta a sus preguntas (él no puede resistirse a una demostración pública de conocimiento). Recién la última clase dijo en voz baja, como intentando ayudar a sus compañeros de armas "No contesten, es una trampa" pero la concurrencia no hizo caso.

El problema de la falta de fluidez en la dinámica del curso no solo responde a las preguntas incontestables de la matrona (y conste que ella espera pacientemente y escucha hasta 3 o 4 respuestas incorrectas cada vez), también contribuyen a esta incomunicación las aportaciones de las futuras mamás y papás.

La peor que escuché hasta ahora (porque tampoco vamos a estar riéndonos de mis pobres compañeras y sus dudas perfectamente válidas) fue la siguiente:

La matrona estaba explicando cuándo debíamos ir al hospital porque estamos de parto. Contaba sobre la bolsa rota, un sangrado, el líquido amniótico... y decía que las primeras horas no se hace mucho, así que no hay necesidad de salir corriendo al hospital. "Podemos darnos una ducha y revisar el bolso con tranquilidad antes de salir de casa", decía. Y entonces, una de las concurrentes preguntó: "¿Hay una hora límite para ir al hospital?"

No sé lo que le respondió la matrona porque ahí yo desconecté, incapaz de dejar de imaginarme la hora límite de la que hablaba mi compañera futura mamá. ¿Hora límite? Claro, señora, si usted ve que el niño se le salió del cuerpo, ya ni vaya a la sala de parto. El trabajo está hecho.

O peor: ¿Hora límite? Pues va a ser que sí. Si usted no se presenta en el hospital durante las primeras 12 horas, ya no vaya porque no la admiten. Y tiene que dar a luz en el parquecito frente a la sala de maternidad. Lo bueno es que después sí que puede ingresar con su bebé a pediatría directamente.