domingo, 5 de abril de 2015

Semana 34: Los peligros de estornudar en la semana 34

Ya no me quedaban dudas sobre la importancia de los ejercicios del suelo pélvico y los hacía en mi clase de pilates con una fuerza interior proveniente del miedo a la incontinencia post-parto y a la falta de elasticidad en mis partes íntimas (algo que suena terrible). Pero la etapa avanzada de mi embarazo me reservaba una sorpresa más que pondría a prueba al más experimentado de los suelos pélvicos...

Vea usted, en la semana 34 aproximadamente (estoy absolutamente copada con esto de hablar en semanas, ahora soy una experta) o, para los desentendidos (ya les va a tocar...), en el octavo mes de embarazo, no va que me pesco un resfrío. Un resfrío inofensivo que hubiera pasado desapercibido por la vida de cualquier mortal. Pero, cuando una está embarazada y solo puede tomar Paracetamol o sucedáneos de los caramelos Tic-tac, un resfrío puede volverse muy largo... hasta puede parecer que no se acaba nunca.

¡Y si eso fuera todo! Por mucho Kegel que hubiera hecho, nada me había preparado para los estornudos. La ecuación para el desastre tenía todos los elementos: vejiga minúscula de embarazada + ganas de hacer pis constantemente + estar de pie + estornudo traicionero. Una situación muy peligrosa. Esto hizo que los días de resfrío requirieran de toda mi concentración de embarazada en su trimestre bobo... que no es poca. Y creo que al fin estoy logrando contraer los músculos correctos cada vez que me azota un estornudo. Tampoco tengo mucha opción, es eso o dejar un charquito.

¿Sería un charquito justificado? ¡Obviamente, para algo estoy gestando un ser humano en mi interior! Así que no les prometo nada, un estornudo sorpresivo y me hago pis. Siempre puedo fingir que rompí bolsa y quedo como una reina hasta que llegue a Urgencias del hospital y el ginecólogo de turno me diga "Usted no está de parto, se ha meado... Vuelva a casa". No sé. Una tiene que elegir sus batallas.