De todas las instrucciones que esperaba escuchar en pilates (y le admito que a veces me parecen confusas, de hecho, suelo tener miedo de enredarme entre las poleas de los brazos y las de las piernas y que me tengan que llevar así, hecha un nudo humano, a la sala de emergencias. Y que, para peor, en pleno proceso de extracción de mi organismo de la cama de pilates, se me escape un gas)... En fin, es un miedo con el que vivimos todos, ¿no?
Volviendo al tema, de todas las instrucciones que esperaba escuchar en pilates, quizás la más extraña fue "Contrae la vagina", sobretodo porque vino seguida de otra igualmente delicada: "Ahora, contrae el ano". Todavía un poco apabullada porque mi profesora dijera "vagina" y "ano" en voz alta (que básica que es una, por favor) procedí a contraer lo que buenamente pude de mi zona pélvica...
Si le voy a ser sincera, lo de contraer alternativamente una cosa y la otra, todavía me tiene intrigada. Yo concentro todas mis ondas cerebrales y contraigo. Contraigo pies, dedos, aprieto los dientes y aún así, no sé si estoy logrando mi cometido. Después de un rato, los músculos de mi suelo pélvico se adormecen (estarán podridos de mis instrucciones contradictorias) y me da la sensación que ya no hacen nada de nada.
"Los ejercicios del suelo pélvico son muy importantes" dijo la matrona y yo no podría estar más de acuerdo, pero la zona no está reaccionando a mis órdenes como yo desearía.
Indígnese tranquila, señora, porque el suelo pélvico y sus músculos son los responsables de mantener en su sitio al útero, la vejiga y los intestinos. Y tener un suelo pélvico saludable implica una mejor preparación para el parto y una pronta recuperación en el pos-parto, incluyendo evitarse (en la medida de lo posible) problemas como la incontinencia urinaria y el estreñimiento.
Pero, ¡que indignación! que una tenga que entrerarse de la existencia del suelo pélvico recién ahora, a escasos meses de someterlo a una de esas aventuras inolvidables. ¿Por qué, digo yo, me hacían hacer esquemas mongoloides con cintas y pelotas en la hora de gimnasia del colegio y no me enseñaban a contraer la vagina y el ano alternativamente? Con lo útil que me habría sido ahora mismo, que me siento una disminuida cerebral cada vez que la profesora da una de esas instrucciones.
Ya está, mi suelo pélvico está finalmente en acción y Bebito colabora porque cuando hago como que contraigo (aunque en realidad no sepa lo que está pasando ahí abajo), él patea insistentemente como diciendo "Bravo, Mami, ¡algo hiciste!". Gracias.
Volviendo al tema, de todas las instrucciones que esperaba escuchar en pilates, quizás la más extraña fue "Contrae la vagina", sobretodo porque vino seguida de otra igualmente delicada: "Ahora, contrae el ano". Todavía un poco apabullada porque mi profesora dijera "vagina" y "ano" en voz alta (que básica que es una, por favor) procedí a contraer lo que buenamente pude de mi zona pélvica...
Si le voy a ser sincera, lo de contraer alternativamente una cosa y la otra, todavía me tiene intrigada. Yo concentro todas mis ondas cerebrales y contraigo. Contraigo pies, dedos, aprieto los dientes y aún así, no sé si estoy logrando mi cometido. Después de un rato, los músculos de mi suelo pélvico se adormecen (estarán podridos de mis instrucciones contradictorias) y me da la sensación que ya no hacen nada de nada.
"Los ejercicios del suelo pélvico son muy importantes" dijo la matrona y yo no podría estar más de acuerdo, pero la zona no está reaccionando a mis órdenes como yo desearía.
Indígnese tranquila, señora, porque el suelo pélvico y sus músculos son los responsables de mantener en su sitio al útero, la vejiga y los intestinos. Y tener un suelo pélvico saludable implica una mejor preparación para el parto y una pronta recuperación en el pos-parto, incluyendo evitarse (en la medida de lo posible) problemas como la incontinencia urinaria y el estreñimiento.
Pero, ¡que indignación! que una tenga que entrerarse de la existencia del suelo pélvico recién ahora, a escasos meses de someterlo a una de esas aventuras inolvidables. ¿Por qué, digo yo, me hacían hacer esquemas mongoloides con cintas y pelotas en la hora de gimnasia del colegio y no me enseñaban a contraer la vagina y el ano alternativamente? Con lo útil que me habría sido ahora mismo, que me siento una disminuida cerebral cada vez que la profesora da una de esas instrucciones.
Ya está, mi suelo pélvico está finalmente en acción y Bebito colabora porque cuando hago como que contraigo (aunque en realidad no sepa lo que está pasando ahí abajo), él patea insistentemente como diciendo "Bravo, Mami, ¡algo hiciste!". Gracias.