Estar embarazada de 24 semanas en invierno es una angustia, porque es muy difícil mostrarle la panza al mundo y que la reconozcan a una por la calle como lo que es: el envase de un hermoso Bebito.
Así que todavía no espero que me cedan los asientos espontáneamente en el subte, ni que me hagan las típicas preguntas que despertamos las embarazadas en perfectos desconocidos. Cosas del estilo de "¿De cuánto estás?" o "¿Ya sabes si es niño o niña?" parecen ser las preocupaciones más frecuentes.
No, señora que acabo de conocer en la farmacia, no le voy a contar que este hierro que estoy comprando y que me tengo que tomar todas las mañanas, me evita la anemia a la vez que vuelve mis deposiciones negras (o más precisamente, verde oscuro... ¿pero quién estaría tan atenta a la gama de colores?).
Pero sí, señora depiladora peruana, por supuesto que le cuento que es un varón, en parte porque no sabría cómo eludir la pregunta y por otro lado porque me encanta charlar mientras Ud. me está depilando mis zonas íntimas.
Bueno, sacando las raras preguntas de los desconocidos, yo estoy empezando a actuar definitivamente como embarazada. En realidad, como siempre pensé que actuaban las embarazadas: con una mezcla entre urgencia urinaria permanente y felicidad/desdén por todo lo que no sea el bebé.
Mi primer acción oficial como embarazada en ámbito social (me refiero a algo que jamás hubiera hecho de otro modo) estuvo relacionada con la urgencia urinaria y consistió simplemente en meterme en el baño de hombres de un centro comercial. El de mujeres (debo aclarar que eran individuales) estaba ocupado y yo ya llevaba demasiado tiempo haciéndome pis. Así que pensé "¡Qué demonios...!" (pensamiento más relacionado con la segunda característica: la felicidad/desdén hacia el mundo exterior). Me sentí como conquistando una barrera mental.
El feminismo es eso (para las que tengan dudas): es entrar en el baño de hombres cuando una está embarazada y tiene una urgencia. El slogan sería "Somos todos iguales, pero en caso de urgencia, gana mujer embarazada haciéndose pis. ¡A aguantársela!" Estoy segura que en ese simple acto logré más que en años de voto femenino en muchos países.
Siento que es tan solo la primera de las muchas barreras que traspasaré en mis aventuras con Bebito. Las mamás del mundo estarán enumerando, pero tampoco es hace falta, señoras...
Así que todavía no espero que me cedan los asientos espontáneamente en el subte, ni que me hagan las típicas preguntas que despertamos las embarazadas en perfectos desconocidos. Cosas del estilo de "¿De cuánto estás?" o "¿Ya sabes si es niño o niña?" parecen ser las preocupaciones más frecuentes.
No, señora que acabo de conocer en la farmacia, no le voy a contar que este hierro que estoy comprando y que me tengo que tomar todas las mañanas, me evita la anemia a la vez que vuelve mis deposiciones negras (o más precisamente, verde oscuro... ¿pero quién estaría tan atenta a la gama de colores?).
Pero sí, señora depiladora peruana, por supuesto que le cuento que es un varón, en parte porque no sabría cómo eludir la pregunta y por otro lado porque me encanta charlar mientras Ud. me está depilando mis zonas íntimas.
Bueno, sacando las raras preguntas de los desconocidos, yo estoy empezando a actuar definitivamente como embarazada. En realidad, como siempre pensé que actuaban las embarazadas: con una mezcla entre urgencia urinaria permanente y felicidad/desdén por todo lo que no sea el bebé.
Mi primer acción oficial como embarazada en ámbito social (me refiero a algo que jamás hubiera hecho de otro modo) estuvo relacionada con la urgencia urinaria y consistió simplemente en meterme en el baño de hombres de un centro comercial. El de mujeres (debo aclarar que eran individuales) estaba ocupado y yo ya llevaba demasiado tiempo haciéndome pis. Así que pensé "¡Qué demonios...!" (pensamiento más relacionado con la segunda característica: la felicidad/desdén hacia el mundo exterior). Me sentí como conquistando una barrera mental.
El feminismo es eso (para las que tengan dudas): es entrar en el baño de hombres cuando una está embarazada y tiene una urgencia. El slogan sería "Somos todos iguales, pero en caso de urgencia, gana mujer embarazada haciéndose pis. ¡A aguantársela!" Estoy segura que en ese simple acto logré más que en años de voto femenino en muchos países.
Siento que es tan solo la primera de las muchas barreras que traspasaré en mis aventuras con Bebito. Las mamás del mundo estarán enumerando, pero tampoco es hace falta, señoras...
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Ahora estoy en la etapa (parte inseparable del trimestre bobo del embarazo) en que me toca recalcular las dimensiones de mi nuevo cuerpo porque me hago la viva y pretendo pasar por lugares por donde, evidentemente, ya no paso.
Cuando digo "No te muevas, que paso..." y me llevo puestas sillas y mesas alternativamente con la panza o con el pompis, me siento como una gorda torpe o un adolescente invertebrado. Hasta he llegado a derribar vasos ajenos con contenido. Una vergüenza.
Para colmo de males, además de la humillación pública de no saber dónde termina tu propio cuerpo, después me entra la culpa cuando pienso que Bebito va a nacer lleno de moretones. Dale un tiempito a Mami y ya te dejará de chocar contra los muebles. Espero.
Leer tus Crónicas siempre es un placer,un viaje lleno de experiencias que te lleva a cada lugar y te los apropias,como si en verdad hubiese(o hubiera jajaaj) estado allí.Pero las Crónicas de Bebito son muy especiales y me remontaron a aquellos años idos de los 4 embarazos.Una cosa que me dio vueltas y vueltas sin lograr recordar fue"El Meridiano",razón por la cual he observado cuanta panza cruzaba en la playa!!!!jajajaja...Mi querida,deseo lo mejor y mucho más para las semanas restantes del crecimiento de ese niño.Un besote para los tres."La tía Cholula"
ResponderEliminarQue hermoso mensaje, tía!! Me alegro mucho que estés disfrutando estas nuevas crónicas... Escribir sobre esta aventura a mi siempre me saca una sonrisa, y es doble la felicidad cuando leo estos mensajes tan lindos!
EliminarCuántos "meridianos" viste por la playa? jajaja Acá veo pocos pocos, porque con tanto frío no hay panzas al aire...
Un abrazo enorme!