domingo, 8 de febrero de 2015

Semana 26: Los sueños insólitos

Convengamos que mis sueños siempre han sido un poco insólitos. Ya estoy acostumbrada. Tráiganme desastres naturales, zombies y terribles persecuciones y yo dormiré como un angelito. Se ve que el estrés del día lo descargo gritándole "¡Suban a la camioneta!" a mis compañeros de sueño mientras una marea de lava ardiente inunda la calle principal, o bien, corriendo a toda velocidad por los patios de casas ajenas mientras me persigue un vampiro.

A propósito de esto, quería hacer una reflexión: he descubierto que en los sueños puedo volar si la velocidad de mis piernas se me queda corta (lo cual suele suceder a menudo). Vuelo por el aire como quien nada; cuanto más me impulso, más lejos llego. Téngalo en cuenta, señora, e inténtelo en sus próximos sueños, ver si a usted también le funciona.

Pero lo que nos concierne esta semana: El síndrome de los sueños extraños, aparentemente, es otro de los síntomas que acompañan al embarazo. Por lo tanto yo, con semejante historial, estaba esperando ver qué era lo que creaba mi mente para cumplir con el cometido "sueños extraños durante el embarazo". Me sorprendió. El cerebro es algo alucinante.

Resulta que tenía a un bebé y era sano y arrugadito como debe ser... pero (¡Oh! Sorpresa) solo dejaba de llorar cuando lo metía en mi cartera. Así que me elegía las carteras más amplias y ponía ahí a Bebito, entre los anteojos de sol, la billetera y los pañuelitos descartables. Y él se quedaba tan felizmente. Cada vez que abría la cartera, me miraba ceñudo temiendo que lo sacara de ahí adentro. Y si pasaba mucho tiempo con la cartera abierta, se ponía a llorar y fruncía toda su carita de bebe. Ahora que lo pienso, se parecía un poco a Dobby, el de Harry Potter. Una mezcla casi indivisible entre adorable y creepy.

Pero lo más gracioso del síndrome de los sueños extraños es que se contagió al padre (de todos los síntomas que se podía contagiar, éste puede que sea el más inofensivo, así que se lo permito). Mi marido, también conocido como "el papá de Bebito", soñó que su hijo nacía... negro. ¡Negro! Ahí les dejo una pesadilla recurrente de los hombres (de los hombres blancos, evidentemente. ¿Los padres negros tendrán pesadillas con bebés blancos?).

Aunque usted señora se anime tímidamente a asociar el sueño de mi marido al miedo que tienen los hombres a que su hijo no sea suyo; yo, conociéndolo un poquito más que usted, le diría que va asociado al íntimo deseo de mi marido desde la adolescencia de ser de raza negra. Quizás soñó en realidad con un hijo que al fin lograba lo que él no. Un caso a la inversa de Michael Jackson pero que puede implicar problemas mentales igualmente.

Yo, que nunca deseé ser de ninguna otra raza en particular (bastante tenía ya con ser de los pocos latinoamericanos que no lo parecen y crean confusión donde quiera que vayan), me quedo tranquila. Porque, como decía un viejo profesor de Derecho Romano "Mater semper certa est".


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