domingo, 8 de marzo de 2015

Semana 30: "Hoy vamos a hacer los pujos"

El curso pre-parto es de lo más instructivo. No sé de cuánta utilidad será cuando llegue el momento de la verdad pero, al menos mientras espero, me entretengo un poco. ¡Y no solo yo! Mi querido marido también y, en ocasiones, hasta Bebito se entretiene un rato (aunque en general aprovecha el curso para dormir y no parece demasiado interesado en cómo va a salir de mi útero)

Así y todo, no pude dejar de sorprenderme (un déjà-vú de aquella vez en que la profesora de pilates dijo "Contrae la vagina") cuando la matrona anunció a la clase con solemnidad y su característica sonrisa de matrona sabedora de cosas que nosotras no sabemos: "Hoy vamos a hacer los pujos". Chan. Doble chan. Bebito abrió un ojo y frunció el ceño como diciendo "¿De qué estás hablando, Willis?".

Practicar los pujos en un enorme salón de clases y acompañada por otras 25 mamás y sus parejas, cuidadosamente colocadas en forma de semi círculo sobre colchonetas para que todas nos veamos los respectivos canales de parto, es un tanto incómodo. Y no solo por la posición que hay que adoptar (agarrándose de las rodillas y exponiendo todo nuestro poco entrenado suelo pélvico al mundo) sino también porque es solo un simulacro. No hay que hacer fuerza verdaderamente (de hecho, hacer fuerza podría causar inconvenientes serios, como hacerte pis o dejar escapar una ventosidad), solo hay que hacer como que una hace fuerza. Es un asunto delicado.

Sin menospreciar su utilidad práctica, debo admitir que no salí de la clase sintiéndome especialmente preparada para el parto. Y encima tuve que aguantarme la cara de desaprobación de la matrona (¡¿es que nunca logramos hacer nada bien para usted?!) y las patadas furiosas de Bebito que pensaba que lo estaba desalojando antes de tiempo... Tranquilo, mi cielo, por ahora ni vos ni yo ni Papá sabemos cómo vamos a salir de este embrollo, pero algo me dice que ya nos llegará la inspiración.


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