domingo, 15 de marzo de 2015

Semana 31: Los sillones imposibles

Me acabo de enterar que la simpática línea indeleble (también llamada meridiano Bebito-Mamá) es el resultado de que los músculos abdominales de la zona se distiendan. Se separan, se disuelven, ¡puff! desaparecen. En su lugar aparece la decorativa raya y la imposibilidad de levantarse de frente de cualquier asiento por debajo de nuestras rodillas.

Para lidiar con esto, se idean una serie de movimientos laterales, rotatorios, traslastorios y en forma de balancín que la ayudarán a una a levantarse con más o menos dignidad de las posiciones de sentada y acostada. Esto, y no la sensación de importancia general sobre una misma que tenemos durante el embarazo, es lo que hace que elijamos con mucho cuidado los asientos donde vamos a posar nuestro (probablemente agigantado) pompis.

El movimiento lateral rotatorio es muy útil para cuando una se quiere incorporar de la cama, cosa que sucede a menudo por las noches para hacer pis. "¡¿Cuánto pis?!" estará pensando usted... Pero no se trata de la cantidad sino del momento en que el bebé decide que ya hay suficiente pis en su vejiga y que le está ocupando un espacio precioso en su pequeño mundo personal. Bebito dice "pis" y allá vamos al baño. Ayuda mucho, durante el movimiento rotatorio sobre nuestro eje, sostener la panza con las manos si ya está muy grande, como para ayudar al bebé a que rote con nuestro cuerpo/envase. De otro modo, puede suceder que Mamá y Bebé queden apuntando a direcciones opuestas, en detrimento indefectible de la Mamá que empieza a sentir dolores extraños por todos lados.

Otro truco muy útil es el movimiento traslatorio que es cuando una usa su pompis y parte del tronco para realizar sinuosos desplazamientos por la superficie cual gusano (aunque más me recuerda a esa víbora de "El Principito" que se traga un elefante) o serpiente del desierto, para llegar de un lugar a otro sin tener que ponerse de costado. El efecto visual es medio triste, pero logra buenos resultados cuando, por ejemplo, la mesita de luz te queda muy lejos de la cama o cuando te estás escapando del colchoncito de pilates en medio de una clase.

El movimiento de balancín lateral es más para tomar ánimo que verdaderamente útil. Es la opción a la que recurre una cuando el asiento en el que tuvo la mala idea de sentarse es uno de esos sillones imposiblemente bajos. El balanceo a un lado y al otro, con aspavientos de brazos y concentración máxima suelen ayudar a que eventualmente una se pueda incorporar. Pero con mucha dificultad y demostrando que las clases de pilates no están ayudando en nada a nuestro estado atlético general.

De última siempre queda la opción menos digna pero inversamente proporcional en eficiencia: estirar los brazos en dirección a alguien, como un nene que quedó atorado en el inodoro, y esperar que esa alma caritativa se apiade y tire de una hasta que volvamos a posición vertical. ¡Gracias, mundo!



2 comentarios:

  1. Genial como siempre Cintia! No paro de reírme con tus relatos

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