domingo, 12 de abril de 2015

Semana 35: Tener todo listo, una expresión de deseo

Era mi intención tener todo listo antes de la llegada de Bebito y además, tenía tiempo para hacerlo. Ya en Nueva Zelanda, entre visita y visita a Dr. Neil, soñaba con volver a casa y empezar a preparar el cuarto del bebe. Anotaba ideas y guardaba fotos de todo lo que iba a hacer. Era mi happy place en el que pensar cuando me despertaba a las 4 am con acidez.

Sé que la estoy predisponiendo mal, querida lectora, pero esta historia tiene un final feliz... Porque, ni bien llegué a España, me dediqué a comprar almohadones con barquitos y autos, a recortar animalitos en cartulina, a decorar el placard con conejos y a ordenar los peluches del bebé de forma graciosa. Hasta pegué un enorme cartel que decía "Bienvenido", un regalo de mi Mamá que venía desde Argentina.

Es una de las cosas más lindas del embarazo: preparar todo. Eso sí, mientras yo diseñaba chanchitos en cartulinas de colores y pegaba conejos por todos lados, mi marido se ocupaba de cosas mucho menos creativas (aunque casi tan importantes) como comprar el cochecito. Lo que se dice, un trabajo en equipo.

Después vino el período de comprar los pañales que consistió en pararnos durante media hora en la góndola de pañales del supermercado y salir con un paquete de cada talle porque no sabíamos qué tamaño tendría Bebito para cuando volviéramos del hospital. Además de los pañales 0+, 1 y 2, vinieron a casa muchas toallitas húmedas, gel de baño, loción para bebés y un aceite Johnson's Baby que siempre quise comprar aunque verdaderamente creo que no tiene utilidad práctica. De cualquier modo, todo el conjunto quedó hermoso en el cuarto de Bebito.

Luego hubo que lidiar con la ropita. Primero: cortar las miles de etiquetas corto-punzantes que le ponen a cada prenda (¡algunas son tan largas que superan a la ropa misma!). Me gustaría saber qué clase de psicópata diseña la ropa de bebés y me pregunto si los odia... porque convengamos que, por mucho algodón de oveja baby que usen para confeccionar la ropa después le ponen esas etiquetas vengativas que nos molestarían hasta a los adultos.

Ya etiquetas-free, lavé la ropa de Bebito con un jabón hipoalergénico para pieles extra-sensibles que, como tenía la foto de un bebé en la etiqueta, asumí que era para ropa de bebés... Unas cuantas semanas más tarde (y muchos lavados después), descubriría que lo que yo había comprado como jabón era en realidad, suavizante. Así que solo suavicé la ropa de Bebito, básicamente. ¡Eso sí! Después planché todo, por muy minúsculo que fuera, porque el calor mata los ácaros (cuando pregunté qué eran, mi Madre me dijo "son arañas") y ¡¿quién quiere arañas en la ropa de sus bebés?!

Así que acá estoy, bandeándome entre ser una buena futura mamá, responsable del hábitat y de la salud de mi hijo, y metiendo la pata olímpicamente cada tanto. En mi opinión: el equilibrio perfecto.


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