Todo lo relativo a Bebito me parecía feliz. Inclusive las idas al baño cada 5 minutos, el agotamiento de andar por la vida con una panza gigante y la acidez que, según las mujeres de mi familia, te da cuando el bebé es muy peludo. Todo me parecía maravilloso... hasta que un día conocí las bombachas post-parto y se me fue la ilusión de un plumazo.
Por si no han tenido el gusto de conocerlas, son como shorts gigantes hechos de gasa (de la de hospital, no la de los vestidos). De las cosas más anti-eróticas que vi en mi vida.
En la misma ida al supermercado en la que nos trajimos pañales, lociones y ungüentos varios; me crucé con las "bragas post-parto" y, puesto que nos habían sido ampliamente recomendadas por la matrona en el curso, agarré un paquete. Parecían inofensivas. Eran ofensivas. En el momento en que las abrí pensé "No me podés hacer esto, Bebito...", pero ya era tarde.
Unos cuantos días después, en plena utilización de las horrendas bombachas (además, en combinación con las toallitas post-parto que son igual de horribles), agradecí que existieran. Pero en ese momento, me dediqué a odiarlas. Se presentaron ante mí para recordarme la faceta más temida del embarazo: el parto.
El bolso de Bebito para el hospital estaba listo. El bolso de Mamita... no tanto. Solo tenía las bombachas post-parto y un neceser con las cosas del baño. ¿Qué más, qué más?
Por si no han tenido el gusto de conocerlas, son como shorts gigantes hechos de gasa (de la de hospital, no la de los vestidos). De las cosas más anti-eróticas que vi en mi vida.
En la misma ida al supermercado en la que nos trajimos pañales, lociones y ungüentos varios; me crucé con las "bragas post-parto" y, puesto que nos habían sido ampliamente recomendadas por la matrona en el curso, agarré un paquete. Parecían inofensivas. Eran ofensivas. En el momento en que las abrí pensé "No me podés hacer esto, Bebito...", pero ya era tarde.
Unos cuantos días después, en plena utilización de las horrendas bombachas (además, en combinación con las toallitas post-parto que son igual de horribles), agradecí que existieran. Pero en ese momento, me dediqué a odiarlas. Se presentaron ante mí para recordarme la faceta más temida del embarazo: el parto.
El bolso de Bebito para el hospital estaba listo. El bolso de Mamita... no tanto. Solo tenía las bombachas post-parto y un neceser con las cosas del baño. ¿Qué más, qué más?
***
Otra vez en lo de la matrona (aunque ya ni me acuerdo para qué fui) y me encontré de nuevo en la enorme sala/gimnasio de embarazadas donde hicimos el curso pre-parto. Solo que esta vez, cuando al fin logré sentarme en la colchoneta, la matrona dijo "Vamos a intentar un pujo, pero en serio".
"¡Chan!" pensé yo.
Como lo habíamos practicado tantas veces, me agarré de las rodillas, tomé todo el aire del mundo y antes de exhalarlo pujé haciendo fuerza hacia abajo. Imaginándome, como nos pidió la matrona, que Bebito se deslizaba por un canalón (aunque no sé como me siento llamándole "canalón" a mi vagina, pero bueno... mejor canalón que canaletita, en ese caso).
"¡Lo haces muy bien! Tu bebé tiene suerte de tener una mamá así" dijo la matrona. Y yo me sentí tan orgullosa, tan preparada y tan MAMÁ que esa misma noche empezaría una de las experiencias más alucinantes de mi vida. ¡Y el resultado sería un Bebito!
"¡Chan!" pensé yo.
Como lo habíamos practicado tantas veces, me agarré de las rodillas, tomé todo el aire del mundo y antes de exhalarlo pujé haciendo fuerza hacia abajo. Imaginándome, como nos pidió la matrona, que Bebito se deslizaba por un canalón (aunque no sé como me siento llamándole "canalón" a mi vagina, pero bueno... mejor canalón que canaletita, en ese caso).
"¡Lo haces muy bien! Tu bebé tiene suerte de tener una mamá así" dijo la matrona. Y yo me sentí tan orgullosa, tan preparada y tan MAMÁ que esa misma noche empezaría una de las experiencias más alucinantes de mi vida. ¡Y el resultado sería un Bebito!
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